España ‘importa’ empresarios: el inmigrante es más emprendedor también durante la crisis

Muchos de los inmigrantes que llegan a España optan por ser sus propios jefes. Los extranjeros muestran mayor propensión que los españoles a crear sus negocios, también en plena crisis.

Adam lleva ya en España más tiempo del que llegó a vivir en Ghana. Ha pasado aquí 27 de sus 45 años. Tras casi dos décadas trabajando para empresas de mensajería, se decidió a montar su propio negocio: en 2002 abrió una tienda de alimentación en el centro de Madrid. Durante bastante tiempo no le fue mal; la tienda daba beneficios, modestos, sí, pero beneficios. Pero la crisis y la competencia de nuevos supermercados cercanos acabaron por hacer inviable el proyecto. Adam echó el cierre hace algo más de un año.

Hoy en el local que ocupaba la tienda de Adam, ha abierto una frutería Camila, que es de Santander… pero no de Cantabria, sino del Santander que hay en Colombia. Del negocio que dejó un inmigrante ha nacido uno nuevo también lanzado por un extranjero. La historia no es una excepción: antes y durante la crisis los inmigrantes muestran un mayor espíritu emprendedor que los españoles. Un paseo en las calles alrededor del local antaño de Adam y hoy de Camila nos permite entrar en los dos restaurantes abiertos por un mexicano, la peluquería que regentan dos venezolanos, el locutorio que lleva un marroquí, el restaurante vegetariano de un matrimonio hispano-japonés, una tienda de alimentación propiedad de una familia china… Y no, no estamos en Lavapiés.

Los autónomos extranjeros vuelven a crecer

Las estadísticas, en cualquier caso, confirman lo que no son más que impresiones. Los registros de la Seguridad Social demuestran que el espíritu emprendedor ha prendido con fuerza entre los inmigrantes. Los datos de afiliación correspondientes al mes de agosto muestran que 208.286 extranjeros estaban registrados como autónomos, un 6% más que los 196.000 con que arrancaba el año 2011.

Y aunque la cota actual aún está por debajo del récord histórico alcanzado en 2008 (cuando aún no se había dejado notar la crisis con todo su rigor y se superaron los 238.000 inmigrantes autónomos), la cifra se ha triplicado en una década. Los autónomos de origen foráneo hoy representan el 6,7% del total, cuando en 2001 tan sólo concentraban el 3% del conjunto de los que trabajan por cuenta propia en España.

Las cifras de la Seguridad Social han estado condicionadas en los últimos años por los vaivenes de la legislación laboral en relación a algunas nacionalidades concretas. Hasta el 1 de enero de 2009 rumanos y búlgaros necesitaban permiso de trabajo para trabajar por cuenta ajena, lo que distorsionaba al alza las cifras de autónomos. Con el levantamiento de la moratoria, el contingente de autónomos de ambos países del Este se desinfló. Y los expertos auguran ahora que con la reciente recuperación del permiso de trabajo para los ciudadanos rumanos impuesta por el Gobierno los datos podrían volver a crecer artificialmente. Pese a estos condicionantes, la mayor disposición del inmigrante por ser su propio jefe parece un hecho.

Vienen los más emprendedores

Los extranjeros que viven en España tienen proporcionalmente más iniciativa empresarial que los españoles. La tasa de actividad emprendedora de los españoles se queda en sólo un 4,2% de la población española, mientras que entre los inmigrantes europeos se dispara hasta el 10,3% y entre los extranjeros no comunitarios se eleva al 5%. Así se recoge en el informe de 2010 del Global Entrepeneurship Monitor (GEM), un observatorio internacional que mide la actividad emprendedora en 40 países y que en España elabora IE Business School. Y que los inmigrantes están más decididos a montar sus propios negocios no es hecho excepcional, se trata de una tendencia permanente que muestra año tras año el estudio de GEM [ver gráfico].

Entre los motivos que explican esta mayor propensión del inmigrante a crear su empresa, el fundamental se encuentra en la propia actitud del extranjero que viene a España. Y es que el que se decide a emigrar muestra de por sí una menor aversión al riesgo, una mayor predisposición a arriesgarse para ganarse la vida. “La emigración es un proceso de selección positiva. No emigran todos, sólo los más dispuestos a cambiar de vida para mejorar sus oportunidades. El emigrante siempre es más emprendedor que el que se queda”, explica Juan José Güemes, presidente del Centro Internacional de Gestión Emprendedora de IE Business School.

Lo que podría ser una simple intuición se confirma al constatar que la tasa de emprendimiento que muestran los inmigrantes que están en España es siempre superior a la que refleja el conjunto de la población de sus países de origen. “Los que vienen son los mejores, los que tienen más afán de prosperar. En los países de origen son muchos los que lo pasan mal, pero sólo unos pocos son los que se atreven a cambiar de país, o incluso de continente”, sentencia Güemes.

Empresarios por necesidad

Los inmigrantes sufren, al menos con carácter general, peores condiciones para acceder al mercado laboral. Por un lado, salariales: el sueldo medio de los españoles se sitúa en los 20.069 euros anuales, mientras que el de los extranjeros es prácticamente la mitad, de 10.526 euros, según un reciente informe de UGT. Por otro, de precariedad: al cierre de 2010, el 22% de los españoles ocupados trabajaba con contrato temporal, frente a las tasas del 45% que presentaban los ciudadanos de países del Este, del 42% de los africanos y del 37% de los latinoamericanos. Un escenario que empuja a algunos extranjeros a optar por el autoempleo para sortear en la medida de lo posible estas dificultades.

“Las desventajas que sufren los inmigrantes en el mercado laboral convencional y las mayores dificultades para acceder a un puesto asalariado genera una reacción emprendedora en ellos para evitar una precariedad creciente”, apunta Carlota Solé, catedrática de Sociología de la Universidad Autónoma de Barcelona. “No hay duda de que algunos extranjeros son empresarios por necesidad”, indica. Una categoría en la que también se incluirían, por ejemplo, los inmigrantes que se registran como autónomos si se ven afectados por una situación de desempleo de larga duración y existe el riesgo de, sin trabajo, no poder renovar su permiso de residencia y tener que abandonar España.

La crisis económica ejerce presiones contrarias sobre la actividad emprendedora en España, tanto de fomento como de freno del espíritu empresarial. Mientras que un paro descontrolado (que afecta con mayor crudeza a la población extranjera) puede empujar a algunos al autoempleo como última opción, las dificultades de acceso a la financiación puede convertirse a la postre en un obstáculo definitivo. Cara y envés de la crisis para el emprendedor.

Un juego de espejos que está teniendo desiguales resultados en función del origen de los inmigrantes. Antes del parón económico eran los inmigrantes no comunitarios los que claramente mostraban los mayores índices de espíritu emprendedor. La crisis ha hecho que sean los ciudadanos de la Unión Europea encabecen el ranking de los emprendedores desde hace dos años, según los datos del proyecto GEM. La principal fuente de financiación para un nuevo proyecto empresarial sigue estando en el entorno familiar y amical del emprendedor, un factor que hace que los ciudadanos de la UE tengan más facilidades para crear su propio negocio… también incluso en la España de la crisis.

Fuente: Expansión (02/11/2011)